
La shisha, también conocida como narguile, hookah o waterpipe, es mucho más que un instrumento para fumar. Es un símbolo de hospitalidad, sofisticación y cultura compartida, cuyo origen se remonta a siglos atrás y cuya influencia ha cruzado continentes, adaptándose a nuevas sociedades y estilos de vida. Cada calada es un viaje a través de la historia, el sabor y la estética, diseñado para quienes buscan experiencias refinadas y memorables.
Cada calada de shisha es un instante suspendido, donde el humo dibuja recuerdos, los aromas despiertan sensaciones y el tiempo parece detenerse para recordarnos que el verdadero lujo está en saborear el presente.
Se cree que la shisha surgió en India durante el siglo XVI, utilizando cañas de bambú y recipientes de agua para suavizar el humo del tabaco. Posteriormente se popularizó en Persia, donde artesanos crearon pipas de cristal y bronce finamente decoradas, convirtiéndola en un símbolo de estatus y lujo, presente en reuniones sociales acompañadas de música y poesía. Con su expansión a Egipto, Siria y Turquía, la shisha se integró en la vida cotidiana, pasando de ser un lujo de palacios a un ritual habitual en cafés y salones, donde fumarla se convirtió en una forma de hospitalidad y sofisticación.
Hoy, la shisha se encuentra en lounges de lujo por todo el mundo, desde Dubái hasta Londres y Nueva York, manteniendo los principios de calidad, diseño y experiencia sensorial. Los tabacos aromatizados y creativos, las pipas de cristal y las boquillas pulidas, junto con el ambiente pensado para compartir y conversar, hacen de cada sesión un ritual único. Tradicionalmente, compartir la shisha simbolizaba respeto y confianza, y hoy sigue siendo un momento de conexión, pausa consciente y disfrute del presente.